La América callada de Robert Frank

La Fábrica publica en España ‘Los americanos’, obra de referencia del fotógrafo suizo.

Entonces el mundo no iba tan deprisa. Entonces era 1949, cuando el fotógrafo suizo Robert Frank (Zúrich, 1924) llegó a Times Square y descubrió una nueva modernidad y su falso auge.

Pero aquello no lo era todo para quien resultó ser el polifemo de toda una generación. Este tipo con camisa de felpa a cuadros y un puñado de carretes en el bolsillo se lanzó a descubrir todo lo que escondía aquel escenario de grandeza y consumo que palpita en el centro de Manhattan.

Emprendió un éxodo por 46 estados norteamericanos con el propósito de armar una de las aventuras fotográficas más apasionantes de la segunda mitad del siglo XX, publicada originalmente en 1958 en París por Robert Delpire.

Aquel viaje estaba impulsado por una poética de tristezas. Era el descubrimiento de una América que, de algún modo, se sentía estafada y sonaba, como apuntó Kerouac, a música zarandeada en la ‘jukebox’. El espíritu ‘beatnik’ tomó entonces forma, reflejo.

Era el azogue de aquel ‘way of life’ que maquillaba una realidad demoledora, enfangada. “Mis fotografías hablan de la ansiedad y de la miseria de la gente de la periferia social, del blanco y del negro, de una desesperación a veces evidente”.

De este material desconcertado salió un libro necesario, esencial: ‘Los americanos’, que ahora edita en España al completo La Fabrica Editorial, recuperando así el paisaje moral de un tiempo concreto, aquellos últimos años 50, cuando Eisenhower mostró al mundo la testosterona estadounidense detonando en el Pacífico la primera bomba de hidrógeno.

¿El paraíso americano?

Una de las fotografás de Robert Frank incluäa en su libro 'Los americanos'.
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Una de las fotografías de Robert Frank incluída en su libro ‘Los americanos’.

Aunque la realidad, tal y como la vio Robert Frank, contradecía la idea del paraíso americano, esa arrogancia poderosa que vendía eslóganes al mundo. Sus fotografías son el testimonio visual de unas gentes peleando por existir, un cruce de edades, sexos y razas asumidos en sus instantes decisivos, en ese segundo impreciso que sólo una cámara de fotos es capaz de captar como una verdad sublime, implacable.

Era un viaje al tuétano de la soledad, al paisaje atroz de la injusticia con una Leica colgada al hombro. “No fue divertido hacer ‘The americans’. Ver toda esa injusticia, esa violencia… a veces era peligroso. Infringía leyes estatales que ni siquiera sabía que existían. Me arrestaban los sheriffs. Entonces no tenía tanta información visual y yo no sabía lo que me esperaba en el Sur”, ha comentado el artista.

En ese laberinto de carne y cieno, Robert Frank retrató el ‘backstage’ de esa otra parte de la sociedad fecundada por la tristeza, las desigualdades, el racismo y el perfume agrio de la desesperación, también estableció un nuevo código en la mirada. Ese instante único y decisivo del que hizo oficio y labor Cartier-Bresson, pero que aquí se mostraba de manera más incisiva.

Intento atrapar lo que he visto y oído, lo que he sentido. ¡Lo que sé! No existe un momento decisivo. Hay que crearlo. Tengo que hacer lo necesario para que aparezca delante de mi objetivo”, apuntó Frank.

Un antes y un después en la fotografía

En estas imágenes hay música, hay llanto, huele la lluvia, el sudor, la extrañeza, la calle, el frío. Tienen algo de adagio sideral concebido con una libertad infinita a pie de campo. Y es que Robert Frank abrió la fotografía a una estética nueva, le arrebató el corsé, la deconstruyó. Y se podría decir que la despreocupó de detalles hasta hacer de ella un sonido nuevo, a la manera de John Cage en la música.

Con ‘Los americanos’ hay un antes y un después de la fotografía, ya nunca sería lo mismo”, sostiene Vicente Todolí, director de la Tate Modern de Londres y experto en la obra de Frank, a la que dedicó una exposición cuando en 1981 estudiaba en Yale su postgraduado. “Introdujo un grado de libertad y una trascendencia de la técnica llevó a incluir este soporte en un área que era la del Arte. Fue este libro el que hizo que muchos artistas empezaran a interesarse por la fotografía”.

De esa descoyuntura nace este reportaje en carne viva que no hurga más que en la vida, sin otro argumento que dejar el ojo suelto por las calles y componer un puzzle que adquiere sentido por sí solo para hablar de los otros. “Nunca he hecho una foto que hable de mí mismo”, afirma el autor. Esa es parte de su grandeza.

Después de publicar esta fabulosa aventura, el “caótico” Robert Frank, como le denominó Diane Arbus, se fue distanciando del oficio. Se instaló en las arenas movedizas del cine. Regresó de nuevo a la Leica. Pero nada era igual para quien ya no pudo huir de la trampa de su propio éxito.

EL AUTOR RECORRIÓ 46 ESTADOS NORTEAMERICANOS PARA SU LIBRO “THE AMERICANS”.

Fuente: elmundo.es

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~ por Elliot en mayo 18, 2008.

Una respuesta to “La América callada de Robert Frank”

  1. Lo mas triste es que sus historias fotograficas, aunque representan una epoca, mantienen una vigencia que espanta. Me gustaria continuar su trabajo, aunque la tecnica de mis fotos sea menor. Pienso que el mensaje de la fotografia es lo mas importante.

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